lunes, 3 de junio de 2013

A luz


Flotaba en armonía entre el silencio del no existir.
Hasta que lo expulsaron, y el llanto inundó de aire sus pulmones.
¿Quién diría que podían despertarlo de su milenario letargo?













Una oleada de murmullos le aterra en los oídos.
Una refulgente luz le abrasa los ojos.

Ya no hay parpado que detenga la llama.

Y ya no hay sordo que no haya oído,
Su estridente grito por el apremio de existir.


Jack H. Vaughanf

(c) Safe Creative

Imagen: Born by Fly10

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